En el post de hoy, me gustaría ponerme un poco seria, y hablar de un tema que para nosotros, ha sido primordial en la organización de la boda: la accesibilidad.
Y es que a mi parecer, este es un tema tabú, y la mayoría de los profesionales del sector de las bodas, están tremendamente desinformados lo que convierte la situación, en algo un tanto grotesco, y complicado.
Sin necesidad de entrar en detalles, dos de nuestros invitados más importantes poseen movilidad reducida y por ello, para nosotros, era imprescindible elegir un espacio donde se pudieran mover con completa libertad y autonomía, sin necesidad de marcar unos «Caminos» o «espacios» designados para ellos, que limitaran su experiencia en uno de los días más importantes de sus vidas.
No pretendo criticar ni juzgar a nadie, yo misma he partido en esta búsqueda desde la ignorancia más absoluta, pero considero que este es un tema del que debemos hablar, porque evitarlo, no cambia ni hace desaparecer una realidad para miles de personas hoy en día. La única forma de cambiar esta verdad, es ser consciente y enfrentarse a verdades que a veces no son cómodas, o a situaciones en las que debemos decir «No, dusculpa, pero estás completamente equivocad@«, siempre desde el respeto, por supuesto.
Como futura novia algo obsesiva que soy, empecé a buscar espacios para celebrar nuestra boda desde el minuto uno, y sinceramente mi filtro se basaba en que fueran baratos y bonitos, pero este fue, sin lugar a duda, mi primer error.
Parte del proceso de organizar una boda, se basa en «patearse» cada recinto, hotel, o espacio de bodas que se ajuste a tus parámetros, y eso hicimos mi prometido y yo. Desde el primer momento, cuando hablábamos con los proveedores, preguntábamos si el espacio era accesible, y la respuesta de todos era un rotundo Sí.
Ai… Pero aquí llega el golpe de realidad, nos encontramos ante escenarios idílicos, en medio del campo, repletos de cesped, con montañas de fondo, pero
- ¿Esto es accesible?
- Sí, por supuesto, tenemos una rampa y un baño para personas con «discapacidad».
No exagero si digo que esas rampas eran una trampa mortal, no solo para personas en silla de ruedas, si no para cualquier invitado con dos copas de más, que podría precipitarse y rodar como la gran bola de Indiana Jones.
De los baños… casi mejor ni hablo, pequeños, tortuosos, con un acceso más complicado que la CV35 a las 7:00 a.m. y con espejos dispuestos a la altura de Pau Gasol ¿y si mis invitados quieren retocarse el maquillaje?
- Ah, no pasa nada! Seguro que se ven perfectamente!
No, disculpa, así no es, no quiero que mis invitados tengan que «arreglárselas», no queremos que tengan que limitar su movimiento a rampas y espacios adaptados «para ellos», no queremos que se sientan incómodos en ningún tipo de situación y no queremos que se les trate como «un problema que ya se solucionará el día «B».

Desde mi cómodo escritorio, me gustaría hacer un llamado a todos los profesionales, proveedores y recintos especializados en bodas y eventos, y hacerles ver, que las personas con movilidad reducida, deben poder tener las mismas libertades y comodidades que el resto de los invitados, pues al fin y al cabo, lo que se está haciendo, es una discriminación en toda regla, oculta bajo el cumplimiento de una normativa que te obliga a instalar rampas, pero que en ningún momento lleva implícito una preocupación real por ofrecer a todo el mundo una experiencia amena, hermosa, completa y libre de incomodidades.
No, el césped no permite el libre movimiento, mucho menos la gravilla. No, una rampa no soluciona todo, y unos pasillos adaptados no dejan de parecer pistas de F1 por muchas flores que les pongas. No, un baño no está «adaptado» solo porque le pongas una barra de apoyo.
Estoy segura que muchos de nosotros tenemos amigos, familiares, o personas fundamentales con movilidad reducida, y deseamos que el día de nuestra boda, lo compartan con nosotros, disfrutando de cada instante sin tener que preocuparse por nada.
¿No es una demanda tan descabellada, verdad?

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